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jueves, 23 de septiembre de 2010

INICIACIÓN AL SENDERISMO (TEXTOS DE CARLOS LUENGO)

Cuando nos iniciamos en una actividad siempre surgen varias preguntas, vamos a intentar responder las más comunes.

¿QUÉ ES Y CÓMO SE HACE SENDERISMO?

Como su propio nombre indica el senderismo consiste básicamente en caminar por senderos marcados o balizados. Dependiendo del sendero tendrá un tipo u otro de marcas. Señales pintadas en las piedras, montones de piedras, carteles de madera. Unos más integrados en el paisaje, otros más evidentes, algunos más “ecológicos”… La dificultad del terreno, la afluencia de caminantes, las aportaciones institucionales y el interés de particulares son algunas de las variables que influyen tanto en el tipo de señalización como en el cuidado del sendero.

No se necesita un equipo sofisticado ni hay que realizar largos viajes. Cerca de casa seguro que hay un sendero que podemos recorrer con unas zapatillas, una gorra y un botellín de agua. Aunque, cuanto más ambiciosos sean nuestros objetivos más específico deberá ser nuestro material.

Para practicar senderismo hay que seguir varios pasos. Elegir una zona que te guste, seleccionar un sendero y lo más difícil, caminar.

Estamos acostumbrados a caminar en terreno fácil, baldosas, asfalto… por eso caminar en un sendero es diferente. Nos enfrentamos a desniveles, suelo irregular, laderas. Llevamos un bulto en la espalda y es posible que fiándonos de algún amigo o de esa vendedora tan maja de la tienda de deportes llevemos unos bastones. Tenemos que aprender a andar de nuevo, pero con esto ya volveremos más adelante.

¿QUIÉN PRACTICA SENDERISMO?

Cualquier persona puede practicar senderismo. No importa la edad ni es necesario tener una forma física propia de un atleta. Basta con tener claros los propios límites, sin plantearse actividades superiores a nuestras capacidades.

Los niños descubrirán un mundo nuevo. Los jóvenes podrán plantearse retos adecuados a su capacidad y fuerza. Los mayores disfrutarán de un agradable recorrido. ¿Quién se puede negar a estas sensaciones?

¿DÓNDE Y CUÁNDO SE HACE?

Es casi imposible separar el senderismo del montañismo, pero para evitar “meternos en jardines” vamos a dar una pauta. La característica principal del senderismo es, como ya se ha comentado, que se desarrolla en senderos balizados. Un sendero puede ser tan ancho como una autopista o tan estrecho como una raya de lápiz (bueno, quizá no tan anchos ni tan estrechos) pero balizados.

En cuanto a las fechas indicadas para la práctica, todo el año. Sabemos que en primavera la temperatura es más agradable pero suele llover, que en verano los días son más largos pero el calor es a veces insoportable, que en otoño la climatología es más estable pero hace más fresco y que en invierno hay menos gente pero hace más frío. Sólo hay que equiparse para cada circunstancia adversa.

Respondidas estas preguntas básicas es posible, de hecho es seguro, que nos hayan surgido muchas más preguntas cuya respuesta necesita un desarrollo más amplio. Lo que sigue no es un listado de material imprescindible, ni se intenta dar la impresión de que hay que comprarlo todo. Lo que se propone es el material que puede resultar más adecuado, aunque la iniciación podemos realizarla con lo que tenemos “por casa” sin adquirir más equipo, al menos de momento.

EL EQUIPO.

CALZADO Y VESTIMENTA.

Estamos iniciándonos, así que no nos dejaremos influir por los vistosos catálogos de las tiendas de montañismo. Ya tendremos tiempo cuando decidamos aumentar la exigencia de la actividad. Pero sí debemos tener en cuenta que hay un mínimo de material que será imprescindible para ir progresando. Los consejos de compra no son para incitar al consumo, sino para intentar no equivocarnos en el caso de proceder a la adquisición.

Puesto que el sentido principal de la actividad es caminar comenzaremos calzándonos de forma adecuada. ¿Bota o zapatilla? ¿Tela o piel? Todo, o nada.

Lo principal, que sea un calzado cómodo. Es aconsejable que “esté domado”, que no se estrene el mismo día de la primera excursión. Unos días llevándolo por la ciudad, algún domingo que vamos “a comer al campo”. Un truco: si no tenemos más remedio que estrenar las botas el día de la excursión es aconsejable llevar unas zapatillas de deporte en la mochila. Los apósitos tipo COMPEED también suelen funcionar, hay que ponérselos antes de que salga la ampolla.

La elección del tipo de calzado depende del terreno y la época de desarrollo de la actividad. En montaña preferiremos la bota con buena sujeción del tobillo. En verano es preferible un calzado que tenga buena ventilación. Si andamos de forma continua por pedreras desgastaremos las botas de tela en muy poco tiempo.

Resumiendo, no hay un calzado polivalente, pero podemos encontrar unas pautas generales a la hora de elegir.

Durante estas jornadas vamos a realizar senderismo, en otoño, en general por terreno de montaña.

Huiremos de los modelos rígidos ideales para largas travesías invernales.

Evitaremos los modelos ligeros ventiladísimos adecuados para el tórrido verano.

El tipo de calzado que puede ser adecuado para la actividad sería una bota, con preferencia de cuero, aunque las hay mixtas, piel y textil, bastante buenas. Con palmilla flexible, la palmilla es una plancha que confiere rigidez longitudinal a la bota. Cuidado con la suela. Las hay que patinan en el mínimo charco de agua. Si la goma de la suela tiene aspecto “duro” es mejor desecharla. La suela debe ser gruesa para proteger la planta de las irregularidades del terreno. Con un dibujo profundo y con el borde marcado y vertical, para “clavarse” en el terreno.

Otro aspecto a tener en cuenta es la talla. Por fortuna han pasado aquellas épocas en las que había que llevar las botas con dos pares de calcetines. No, no es aconsejable utilizar dos pares de calcetines y no, no es más cómodo ni mejor. Sólo pensar en el calor que pueden darnos en los pies ya entran sudaderas. Podríamos decir que con las actuales técnicas de fabricación calzaremos casi el mismo número en zapatos de calle que en botas, más o menos.

Hay que probarse las botas por la tarde, es cuando tenemos los pies hinchados de todo el día. Con los calcetines que vayamos a utilizar. Y nos probaremos siempre los dos pies, solemos tener un pie más grande que otro.

Un pequeño paseo por la tienda, comprobar que no se nos va el pie hacia la punta apoyando el talón en un peldaño y empujando hacia delante nos ayudaran a confirmar la talla. Un indicador que se utiliza bastante es, con la bota apoyada en el suelo empujar el pie hacia la punta y comprobar que en la zona del talón nos cabe un dedo. Los dedos deben poder moverse con un cierta libertad.

Cualquier punto que nos moleste será una rozadura, no os fiéis, no se ablandan. También es aconsejable probarse diferentes modelos e incluso diferentes marcas. Igual que hay pies más anchos que otros hay fabricantes que utilizan hormas más anchas. Los medios números también son interesantes. Y ante la duda probaremos en otra tienda con más selección. La comodidad en los pies es imprescindible para el disfrute de la actividad.

Y, una vez adquiridas y antes de salir a la calle con ellas ponéoslas unas horas dentro de casa. Es la última oportunidad para devolverlas o cambiarlas en perfectas condiciones.

Para el cuidado de las botas de piel nada de grasa de caballo. Las ablanda y termina por estropearlas. Son preferibles las ceras, que sí crean una película repelente al agua o los productos en espray o pulverizador, mucho más cómodos y rápidos de aplicar que también pueden utilizarse en las botas con textil.

En cuanto a los calcetines antes mencionados, actualmente los hay sintéticos, con diferentes grosores en el talón, planta y empeine, son un poco caros pero las posibilidades de uso y la comodidad compensan el precio. Todas las costuras que tengan los calcetines terminarán por molestar. Hay modelos, incluso en los de algodón sin costuras. Para iniciarnos unos buenos calcetines de algodón pueden servirnos, aunque tendremos la precaución de llevar otro par de repuesto para cambiarnos al terminar la jornada ya que suelen terminar empapados.

LA VESTIMENTA.

El sistema más adecuado para protegernos del frío es el de capas, unas sobre otras. Este sistema crea unas finas capas de aire entre las prendas que son más fáciles de calentar. Dependiendo de la temperatura y la actividad podremos utilizar una capa, dos, tres o hasta cuatro si fuera necesario.







LA PRIMERA CAPA



Capa interior, es la que va pegada a la piel. Esta capa absorbe la humedad del sudor, por eso son aconsejables las prendas sintéticas, que empujan la humedad hacia el exterior facilitando su secado y manteniéndonos secos. También podemos utilizar camisetas de algodón, aunque estas se empapan con el sudor y en las paradas podemos llegar a quedarnos fríos. Sin mencionar como se te pone el cuerpo cuando al ponerte la mochila la camiseta húmeda te da en los riñones. Al hilo de esto, como normalmente llevaremos mochila es aconsejable buscar prendas que tengan las costuras planas, o, si las encontráis, sin costuras en los hombros. Es aconsejable no hacer nunca ejercicio en verano sin camiseta, por fuerte que sea la tentación. La camiseta húmeda sobre la piel nos ayudará a eliminar el exceso de calor de modo que nuestro cuerpo mantenga siempre su temperatura. El calor que recibimos por radiación solar o por conducción (el aire), debe ser siempre igual al que eliminamos. De esta forma evitamos el “golpe de calor”.















LA SEGUNDA CAPA







Tiene por objeto protegernos del frío, se pone sobre la interior. Lo más conocido es el forro polar, sin despreciar los tradicionales jerséis de lana o las sudaderas de algodón. Podemos encontrar forros en cualquier supermercado y con un amplio abanico de precios. Su función es, igual que la primera capa, expulsar la humedad hacia fuera, además de crear un colchón de aire que mantiene el calor corporal.

La panoplia de grosores y construcciones es tremenda, dependiendo del fabricante se diferencian por gramaje, por peso o por lo que se le ocurra a los responsables de marketing.

Para explicarlo de forma simple, hay tres tipos básicos de forros polares finos, medios y gruesos. Los finos son ideales en verano, ya que son más ligeros y ocupan menos espacio en la mochila. En invierno nos servirán como segunda capa intermedia entre la interior y un forro más grueso.

Los gruesos son adecuados para el frío, aunque pueden resultar demasiado calurosos en primavera y otoño.

Los intermedios son los más polivalentes, tanto solos como en combinación con otro más fino. Son los que más se ven, tanto en nuestra actividad como en uso cotidiano.

Los podemos encontrar con y sin refuerzos, con puños en textil o en elástico, con cordones o sin ellos, con capucha, con cremallera entera… ¿Cúal nos interesa más? Como todo, depende del uso. Una buena elección a la que daremos bastante uso sería un forro de grosor medio con cremallera entera tipo chaqueta, ya que nos permite regular la temperatura de manera más cómoda subiendo o bajando la cremallera. Con collar alto y lo más ajustado posible, el cuello hace de chimenea y por él perdemos gran parte del calor corporal. Con los puños rematados con un material que absorba poca o ninguna humedad. Y si puede ser con cordón en los bajos para evitar la entrada de aire, con la consiguiente pérdida de calor. Si no prevemos un uso intensivo de la mochila sobre el forro podemos cogerlo sin refuerzos, suelen ser más baratos.

Igual que con las botas nos lo probaremos a conciencia. Demasiado holgado nos obligará a calentar mucho aire en su interior. Muy ajustado nos dificultará los movimientos e imposibilitará utilizar una prenda interior más gruesa o incluso un forro más fino.

Las mangas deben ser lo bastante largas para que podamos alzar los brazos sin que se nos bajen los puños hasta el codo o se nos suba el forro a los sobacos.

Un forro dura muchos años, si seguimos las indicaciones del fabricante en lo referente al lavado. Aunque parezca “viejo” sigue manteniendo sus propiedades durante mucho tiempo. Es casi seguro que cuando cambies de forro lo harás por estética, más que por rendimiento.

LA TERCERA CAPA





O capa exterior, tiene por objeto protegernos de las inclemencias, que en forma de lluvia y viento nos pueden dejar “pajaritos”.

Aquí es necesario hacer una puntualización. Los forros cortavientos. Son forros polares con membrana cortavientos (ojo, con membrana no con baño ¡Qué se oye cada cosa en las tiendas del ramo!) que evita la pérdida de calor por capilaridad. Estos forros son considerados tercera capa, pero son membranas cortavientos, que aunque resisten una ligera llovizna terminan por empaparse cuando la lluvia arrecia. Son ideales para actividades aeróbicas, que necesitan una transpirabilidad mayor que la de una chaqueta impermeable pero requieren impermeabilidad al viento; esquí, bicicleta, carreras…

Vamos a centrarnos en la tercera capa impermeable, que nos protege de la lluvia y el viento. Aquí también tenemos muchas posibilidades, desde el chubasquero de supermercado hasta la chaqueta técnica para escaladas inimaginables. Cual es la diferencia; el tejido, la forma de conseguir la impermeabilidad y el diseño.

En cuanto al tejido, suelen ser derivados del nylon, con mayor o menor resistencia al desgaste y al desgarro, según el uso previsto. Para senderismo buscaremos un tejido resistente, para evitar los enganchones. Para escaladas el tejido suele ser reforzado para aguantar los roces por la roca.

Hay dos maneras básicas de conseguir la impermeabilidad, por inducido y por membrana. El inducido es un baño (este si) que crea una capa en el tejido que impide, mientras dura, que el tejido se cale. Es el tipo de impermeabilidad que solemos encontrar en los chubasqueros. El problema es que con el tiempo se cuartea y se rompe permitiendo el paso del agua. Además es impermeable en ambas direcciones, no entra la lluvia pero tampoco sale el sudor. Y estar empapado por exceso de sudoración es aún más molesto que por lluvia, y ninguna de las posibilidades es agradable. En estas prendas suele ocurrir que cuanto más barato más malo.

La impermeabilidad por membrana consiste en una fina lámina impermeable que se adhiere al tejido. Las más conocidas terminan su nombre en TEX. Esta membrana consiste en múltiples poros en forma de embudo que, al ser más pequeños que las gotas de agua impiden el paso de esta hacia el interior, pero son más grandes que las moléculas de vapor permitiendo el escape de estas hacia el exterior. La transpirabilidad es mayor, pero son prendas más pesadas y más caras, además cuanto más ligeras más caras.

Tanto la membrana como el inducido son interiores, las bolitas que se forman encima del tejido cuando comienza a llover se deben a un tratamiento deperlante, no a la impermeabilidad del tejido.

La capucha que todas estas prendas suelen llevar también debe cumplir algún requisito, es preferible que se saque desde detrás del cuello. Las capuchas que salen del interior del chubasquero terminan por gotear dentro de este, añadiendo incomodidad a la situación. Si el cordón no tiene tankas o cierres rápidos es mejor ponérselos que andar haciendo nudos que seguro que se aprietan y luego no podemos soltar.

¿Cuál será nuestra elección? Probablemente con un chubasquero ligero, que ocupe poco en la mochila, de una cierta calidad. Con un poco de suerte lo sacaremos pocas veces, pero si lo utilizamos debemos tener la seguridad de que se puede confiar en él. Estas prendas no tienen la misma duración que los forros, aunque hay productos para reimpermeabilizarlas.

Si podemos, evitaremos las chaquetas con relleno, si tenemos que ponérnoslas durante la actividad terminaremos sudando, y mucho.

Podemos encontrar chaquetas con forro polar desmontable, que suelen ser más económicas que una chaqueta y un forro por separado. Tampoco debemos dejarnos engañar por los TEXEs. Estamos iniciándonos por lo que no merece la pena gastar grandes cantidades de dinero en una chaqueta que tendrá un uso muy puntual, al menos de momento.

Las pautas a seguir en la tienda son las mismas que para los forros. Talla y mangas. Mejor si el chubasquero es de tipo ¾ que los que sólo llegan a la cintura nos cubrirán más y si llega el caso casi podremos sentarnos encima.

Hay otro clásico en lo que a protección contra la lluvia se refiere, los ponchos. Completamente impermeables, tampoco transpiran. Además de lo molestos que resultan con viento. Pero siguen teniendo adeptos. Otra opción es utilizar un cubremochila



y ponerse el chubasquero.





Si nos decidimos por el poncho buscaremos colores vistosos, para que se nos vea.

Aunque no se hace alusión en ningún momento a las prendas para las piernas las opciones suelen ser las mismas, aunque con claros matices. En verano es probable que prefiramos pantalones cortos, para la primavera y el otoño suele ser suficiente con un pantalón de chándal o similar, ahora los supermercados ofrecen infinidad de pantalones “de aventura” que pueden satisfacer nuestras necesidades a precios asequibles. Si podemos preferiremos los tejidos con secado rápido, tanto si sudamos como si llueve agradeceremos no estar más tiempo del necesario con las piernas empapadas.

Ya estamos casi calzados y casi vestidos, veamos que más hace falta.

MOCHILAS Y COMPLEMENTOS.













La Mochila.

Es esa bolsa que llevamos cargada a la espalda en la que meteremos todos los complementos y la ropa que no llevemos puesta.

¿Cómo debe ser la mochila? Cómoda, cuanto más cómoda mejor, es de Perogrullo, pero varias horas con ella en la espalda nos darán la razón.

Para actividades de un día sería suficiente con una mochila de unos 30 litros de volumen, no vamos a llevar 30 litros de líquido. Son poco más grandes que las de colegio. Hay que tener en cuenta que si continuamos con la actividad en invierno siempre se lleva más volumen, aunque sólo sea porque la ropa abulta más.

Para actividades más prolongadas la mochila aumenta según el material que pretendamos llevar. Atención, si tenemos una mochila grande la llenaremos de cosas que “quizá” nos hagan falta, y luego hay que llevarla.

Los tirantes con preferencia acolchados. Si tiene un cinturón ventral deberá ser ancho y nos aseguraremos que nos queda en la cintura con los tirantes en su sitio, en la cadera para las damas, hay muchas mochilas que resultan demasiado cortas para llevar los tirantes bien colocados y el cinturón en su sitio.

Si tienen algún bolsillo lateral de malla para llevar botellines este debe ser accesible, sin complicados movimientos del brazo, lo que en la tienda parece fácil, en marcha y cargados no lo es tanto.

La apertura de la mochila puede ser superior con tape o frontal con cremallera la elección depende de las preferencias de cada uno, sin olvidar que en las de cremallera es aconsejable cerrar a un lado, ya que se han dado casos de mochilas cerradas en la parte superior que se han abierto con el peso.

Si necesitamos comprarla la probaremos con un peso similar al que llevaremos, no basta con el relleno que ponen en la tienda. Nos aseguraremos que los tirantes no son demasiado cortos, ni demasiado largos. Que el cinturón queda en su sitio, en la cintura o las caderas dependiendo del género. Que la espalda resulta cómoda. Hay modelos con una rejilla en la espalda que permite la circulación del aire para evitar, en lo posible, la humedad por sudoración.

Es posible que nos ofrezcan modelos distintos para hombre o para mujer. No siempre las soluciones que aporta el fabricante son las más adecuadas para nuestra fisonomía, y no cuesta nada probar también esos modelos.

Es aconsejable que lleven alguna correa exterior, bien para colocar los bastones si en algún momento no debemos llevarlos en las manos bien para colgar algún artilugio que necesitemos llevar colgado.

LA CANTIMPLORA resulta imprescindible en toda excursión. La pérdida de líquidos por el sudor es causa de calambres musculares, falta de coordinación, acelera el cansancio y tiene efectos fatales para el organismo. Se debe beber a menudo, incluso antes de tener sed. Podemos utilizar cualquier botella para hacer las funciones, siempre que cierre de forma estanca y no se rompa en la mochila.

En verano es difícil mantener el agua fresca, podemos utilizar unas piezas de goma espuma, o algún otro material aislante para hacerle una funda. Toda la noche en el congelador (ojo, no llenarla hasta el borde) y por la mañana a la funda y a caminar.

LOS COMPLEMENTOS son eso, complementos, pero no hay que olvidarlos.

GAFAS DE SOL, CREMAS PROTECTORAS y GORRO para protegernos del sol. En montaña el sol es fuerte, una insolación, una quemadura o un desprendimiento de retina pueden ser evitados con un gesto tan sencillo como ponerse un gorro (los de ala ancha además de la cara protegen el cuello y las orejas), darse crema y cacao o utilizar gafas de sol. Siempre que hablamos de gafas y cremas de protección debemos tener en cuenta que tengan un factor de protección adecuado, las gafas de chiringuito y las cremas para bronceado no valen, siempre serán cremas con factor de protección, cuanto más alto mejor. Las gafas con protecciones laterales son una buena opción, aunque las gafas modernas suelen tener monturas envolventes.

UN PAR DE GUANTES finos, de lana por ejemplo son una buena opción a finales de otoño y principios de primavera, cuando la temperatura no es fría pero la falta de movilidad en las manos se deja notar.

MAPAS, BRÚJULA, UNA GUÍA DE LA ZONA, puede que no sean muy efectivos si no sabemos utilizarlos, por eso es aconsejable aprender su manejo, aunque sea de forma rudimentaria.

UN TELÉFONO MOVIL puede solucionarnos la papeleta en caso de necesidad, y sólo debe ser usado en caso de necesidad. Un rescate innecesario puede estar privando de medios a otro rescate.

LOS BASTONES antes mencionados pueden ser de gran ayuda en la progresión, aunque es necesario aprender a caminar con ellos. Nos exigen aumentar la atención y la coordinación. Pueden servir unos bastones viejos de esquí.

Y por supuesto LA COMIDA que consideremos necesaria para la actividad. Las barritas energéticas están bien, pero a veces son intragables. Unas piezas de fruta, chocolate y frutos secos (preferibles sin sal) o un bocadillo de jamón. Siempre aquello que nos apetecerá comer, incluso sin apetito y que no nos obligue a una larga preparación.

LOS PELIGROS DE LA NATURALEZA.

Parece el titulo de un documental de la 2, pero no, el peligro existe siempre, cuanto más lo conozcamos más preparados estaremos para evitarlo o solucionar sus consecuencias.

Hay dos tipos básicos de peligro que denominaremos Propios y Ajenos.

LOS PELIGROS PROPIOS dependen directamente del senderista. La elección de un itinerario excesivo para nuestras posibilidades. El cansancio, la falta de hidratación, la obsesión por llegar a un punto determinado, no tener en cuenta la duración de la luz diurna, son factores que dependen de las personas. Por eso debemos conocer nuestros límites, y los de quien nos acompañe.

LOS PELIGROS AJENOS no dependen de nosotros, hasta cierto punto, tormentas, zonas de fuerte insolación, desprendimientos de piedras… no son controlables por el excursionista, pero si puede estar prevenido contra ellos. Un vistazo al parte meteorológico, unas preguntas en el refugio de comienzo de etapa, un material adecuado en la mochila podemos aminorar las consecuencias de un peligro ajenos.

El viento nos hace perder calor de forma muy rápida, a mayor velocidad del viento mayor sensación de frío. Una tarde de otoño con una temperatura de 10º C puede convertirse, en caso de vendaval, en una tarde de crudo invierno. Por eso es necesario llevar la ropa adecuada.



En lo referente a picaduras de insectos sólo podemos recurrir al repelente, por fortuna en estas latitudes las enfermedades propagadas por los insectos no son tan terribles como en países más exóticos.

Para evitar las mordeduras de animales lo mejor es no molestarlos. Si no se les acosa no se verán en la tesitura de tener que defenderse.

Un pequeño BOTIQUÍN nos será de ayuda, material de curas (si vamos con niños debemos saber que las tiritas de dibujos curan mucho más que las normales), alguna pomada antiinflamatoria y analgésicos, por ejemplo serían suficiente para nuestra actividad.

Se aconseja estar en posesión de la TARJETA FEDERATIVA, que nos identifica como pertenecientes a un CLUB DE MONTAÑA. Nos da derecho a descuentos en los refugios de la Federación y en algunos convenidos y sobre todo nos aporta un seguro de accidentes bastante interesante.

No son unos consejos exhaustivos, el tiempo nos dará experiencia, también los compañeros de excursión que llevan años en el senderismo nos aportarán valiosos conocimientos.

Que nos veamos durante muchos años por los montes.

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